Judit Gerendas Kiss

Narradora, ensayista, crítica literaria y profesora universitaria venezolana

2.- Separaciones: La Abuela Jolán

Cuando se habla del tema de la emigración, lo usual es focalizar el sentimiento en el desarraigo, en la pérdida de las raíces, en el dejar de pertenecer a una cultura, a una lengua, a una familia, ser primera familia en un lugar nuevo, carecer de grandes viejos, ser los primeros muertos. Se habla de los que se van.

Pocas veces se habla del otro polo de la ruptura, de los que se quedan. De los que también sufren una pérdida y en cuyas vidas se produce un vacío abismal, un corte brusco:  son los que se quedan. Mucha gente mayor –abuelas, abuelos, tíos abuelos, tías abuelas- a cuya vida le daba sentido el jugar con los nietos, el darles de comer, el mirarse en ellos. Y esa vida no tendrá la actividad que tendrá que desplegar el emigrante para insertarse en su nueva locación, algo que contribuirá a llenar su vacío, hasta saturarlo. En los que se quedan el vacío permanece abierto.

La ingenua carta de mi abuela paterna expresa eso, con su afán de aconsejar, con su buen Dios, al que nombra en cada una de sus cartas, con su despedida siempre igual: “fiel hasta la tumba”. Con su esperanza de que habrá un regreso. Y expresa con  pasión su amor por los que se han ido y confiesa dramáticamente que se ha quedado huérfana. Estaría dispuesta a atravesar diez mil kilómetros si el océano no estuviera ahí, marcando la separación.

Mi querida Jutka, el día anterior a la recepción de tu carta les envié una mía, pero de todas maneras ahora me siento y escribo: por más que sea corresponde contestarte. Estoy muy angustiada por Tomika, ojalá para cuando mi carta llegue ya se encuentre bien del todo, díle, Jutkám, que la Abuela siempre reza por él al buen Dios, para que le dé salud, así como a todos ustedes. Mi querida Jutka, pienso mucho en ustedes, a ver si ya han podido regresar a vivir a la ciudad. Y si Marianita ha podido inscribirse en la universidad. Ojalá logren, tanto ella como tú, llevar a cabo todos sus proyectos. O que pudieran estar aquí, sé que aquí podrías conseguir trabajo, no te arrepentirías, yo haría cualquier sacrificio que estuviera en mis manos. Mis dulces Jutkám y Mariankám, escriban, porque me hacen muy feliz con eso, les mando un millón de besos y quedo, con un cariño eterno, fiel hasta la tumba, su

Abuela

Queridos Tibikém y Vivikém. Si no recibo carta de ustedes de inmediato me siento para escribirles, porque me angustio mucho, no lo puedo remediar, pero nadie más en el mundo me interesa, solo ustedes están eternamente en mi cabeza, y me gustaría que de nuevo vivieran en felicidad y amor, que el gran Dios solo cumpla este único deseo mío, y entonces también yo sería feliz. Tibikém, en base a mi pensión recibí un bono para el invierno, para leña y carbón, me lo van a descontar mensualmente, pero ya todo ha llegado a la casa, quince metros cúbicos de carbón y la madera que se corresponde con él, es bien seca. Espero conservarme con salud. Querido Tibikém, me encontré en la calle con el Dr. Szilágyi y le mostré tu foto, dijo que eras un verdadero señor, y que siempre lo habías sido. Mis queridos, sé que están ocupados y no tienen tiempo.

Me escribió Franczi, diciéndome que le gustaría venir con su cuñada a los baños termales de aquí, que le busque una habitación cercana. Ya se la conseguí y pueden venir cuando quieran. Desde la casa nuestra los baños están lejos, mucho más allá del matadero.

Que tengan salud y sean felices eternamente, con mucho cariño un millón de besos de su Mamá.

Mi querida Mariankám, eso no puede ser que a ti no te escriba, cuando te quiero más que a mi vida. ¿Cómo te encuentras ya? ¿Pudiste inscribirte? Me gustaría mucho saber qué noticias tienen. Yo no puedo escribir otra cosa sino que estoy muy huérfana, todas las semanas voy al cementerio, a visitar al querido difunto, el Abuelo, su tumba está cubierta de flores. Hace ya seis meses que no vive, el tiempo corre. Mi querida, escribe, porque me gusta mucho saber de ustedes. Ahora voy a escribirle a la abuela Elza. Un millón de besos de tu

Abuela.

 

Queridos Sanyika, Tomika y Csipike. Me gustaría mucho abrazarlos y besarlos, pero ese feo y gran océano nos separa. Si no existiese, ya hace tiempo que estaría donde ustedes, y les hornearía toda clase de buenos dulces, aunque sé que su mamá también hace dulces ricos y comidas sabrosas. Aquí ahora hace mucho calor y desde hace ya dos meses no llueve, mientras que por otros lados sí ha llovido, solo aquí hay sequía. Me gustaría que Tomika ya estuviera del todo bien, que tome con frecuencia té de manzanilla, eso lo cura todo. Con mucho cariño los abraza y los besa

Abuela.

Túrkeve, 11 de diciembre de 1960.

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2 Commentarios

  1. Alejandro Gerendas

    Soy nieto de la abuela Jolan, madre de Tibor, mi papá. Me emociona leer esta carta escrita hace 57 años. Muchas gracias Judit por colocarla y hacerla pública. Estas cosas, pequeñas a primera vista, pareciera que no trascienden más allá de la familia. Mas no es así, pues muchos europeos vivieron situaciones similares en esos años y quien lea tu post seguro se sentirá identificado enseguida. Y ahora, en estos tiempos, es a los venezolanos a quienes nos ha tocado la dura separación y vivir en carne propia la repentina fragmentación familiar y la diáspora de sus miembros.

    • Judit Gerendas

      Este texto pertenece a la sección Fronteras, igual que el ensayo sobre Antonio Machado y Walter Benjamin. En el siglo XXI se ha acelerado el desplazamiento de grandes colectivos, el levantamiento de muros y la ruptura de las familias. Yo quiero escribir, en la mayoría de las entregas del blog sobre eso, pero de una manera indirecta, como todo lo que escribo, porque la gente está saturada de los señalamientos explícitos. Nuestra abuela, hace ya 57 años, como bien dices, encontró las palabras justas, humanas, para expresar todo el dolor y todos los deseos generados por la emigración de nosotros, que éramos toda su familia. Y hasta encontró la imagen del mundo material que marcaba la separación: en este caso, el océano.

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